Niebla mental 20 Jun 2022

BY: Calltek

Actualidad / Interesante

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Niebla mental tras el COVID-19

En la actualidad, la mayoría de la población conoce, bien por propia vivencia o bien por la de sus allegados, los efectos del COVID-19. Sabemos cuáles son los síntomas más comunes, las últimas variantes e incluso cómo hay que tratarlo o cuándo debemos preocuparnos, pero, ¿sabemos lo que es la niebla mental?

Con cada nueva cepa hay un cambio en los síntomas, lo que nos hace estar alerta de forma constante. Y no solo hablamos de las cepas, podemos hablar también del post-COVID. Durante los tres meses siguientes a la infección de COVID, se ha observado que un porcentaje de las personas que lo padecieron sufren con persistencia pérdidas de memoria y de concentración. Esto se aplicó tanto a pacientes con síntomas leves como a los más graves.

 

¿Qué es la niebla mental?

Posterior a la recuperación de los síntomas más comunes de COVID, en ciertas ocasiones aparece un fenómeno llamado niebla mental. Las personas que la sufren la describen de diferentes maneras, pero más o menos con las mismas características:

  • Pérdida de memoria.
  • Dificultad a la hora de recordar, comprender o encontrar las palabras adecuadas.
  • Problemas de atención y concentración.
  • Sensación de abrumación a la hora de realizar tareas simples.
  • Confusión general o “aturdimiento”.
  • Mareos o faltas de equilibrio.

La niebla mental se resume como una alteración de las capacidades cognitivas, provocando olvidos y ciertas dificultades con la concentración y el lenguaje. Además, es importante destacar que muchos de los pacientes que la refieren no han sufrido ningún síntoma ni trastorno neurológico anterior. Es más, esta niebla mental puede darse incluso en individuos asintomáticos de COVID-19.

Es posible que estos síntomas persistan durante incluso más de tres meses, y es importante saber cuándo hay que simplemente convivir con ellos, y cuándo acudir a un profesional sanitario.

 

Señales de la niebla mental

Cualquier persona que crea que puede tener alguna de las siguientes señales, o una vez que estos síntomas llegan a interferir con su vida, debe dirigirse a un médico:

  • Dificultad de acceso a la memoria semántica: problemas para comprender y recordar palabras.
  • Problemas con la memoria episódica: por ejemplo, no recordar ciertas tareas o dónde se ha dejado un objeto.
  • Trastorno disejecutivo: dificultad a la hora de planificar y organizar.
  • Torpeza mental: sensación de lentitud o de estrés a la hora de cualquier respuesta mental.
  • Síntomas de ansiedad y depresión: estado de ánimo bajo, miedo, irritabilidad…
  • Trastornos del sueño y/o apetito.

En especial, es importante tener presente que si estas señales se encuentran asociadas a otro síntoma inusual (debilidad, dificultad para hablar/ver, hormigueos), debemos ir al médico de manera urgente.

 

¿Por qué ocurre?

Es posible que en algunos pacientes, el COVID-19 sea capaz de causar pequeñas lesiones cerebrales que podrían estar relacionados con esta niebla mental. Sin embargo, hay otros casos en los cuales, a pesar de no existir estas lesiones cerebrales, la persona tiene esta niebla mental igualmente.

Una de las sospechas médicas se centra en una activación del sistema inmunológico que puede tener como efecto secundario una afectación del sistema nervioso. Otra sospecha importante se centra en la hipótesis de que el hipocampo y parte del sistema límbico se ven muy afectadas por la pérdida del olfato y genera alteraciones en las nuevas neuronas.

Otras sospechas médicas son:

  • Ansiedad o depresión.
  • Desequilibrio en los neurotransmisores.
  • Déficit de vitaminas.

¿La niebla mental solo se da con el COVID-19?

A pesar de que pueda parecer que este fenómeno solo se da en pacientes de COVID, lo cierto es que cualquier otra enfermedad podría provocarlo. Si los investigadores están en lo cierto y esta niebla mental se produce a cause de una respuesta inmunológica, cualquier virus o bacteria, en realidad, podría desatarla también.

Generalmente, cuando un paciente padece una enfermedad grave, siempre cabe la posibilidad de que desarrolle problemas cognitivos. El único motivo por el que recientemente se está asociando más al COVID-19, es porque ahora mismo, hay más infecciones por COVID-19.

 

¿Hay tratamiento?

En la medicina actual, la manera de tratar la niebla mental en un primer momento es similar a la de una lesión en la cabeza. Es muy importante descansar lo suficiente y evitar el estrés.

De todas formas, es vital conocer al máximo posible cuál podría ser el origen de la niebla mental para poder tratarlo con eficacia. En función de este origen, nos decantaremos por uno u otro tratamiento.

Dado que no hay ninguna evidencia que sustente que la niebla mental es permanente, lo más probable es que tras unas semanas, el paciente vuelva a la normalidad. Para ello, lo mejor es tratar de volver a sus rutinas habituales y tratar de mantener un estilo de vida saludable y la mente ocupada.

Psicología Oscura 23 May 2022

BY: Calltek

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Psicología oscura: una guía rápida

Últimamente, es probable que hayamos oído hablar del término psicología oscura. Se trata de una corriente psicológica introducida recientemente, que puede utilizarse para hacer referencia a distintos rasgos de la personalidad poco deseables o atractivos. Estos rasgos son considerados inquietantes o peligrosos para nosotros mismos o para los demás.

A nivel común, la psicología oscura se conoce como el arte y la ciencia de la manipulación y control, preocupada por la naturaleza psicológica de las personas que se benefician de los demás. Se entiende el término de psicología oscura como el uso de tácticas de motivación, persuasión, manipulación y coerción para obtener algo.

 

Pero… ¿la psicología oscura es real?

En realidad, no es una rama que exista. Es cierto que hay áreas de la psicología que investigan el comportamiento de los criminales (como la psicología criminal) para determinar las razones tras sus actos. Este tipo de psicología también estudia los tipos de delincuentes y sus respectivas conductas delictivas. Por su parte, también nos encontramos con la psicología forense, que estudia los procesos mentales y las conductas de alguien, que se presentarán a un juicio.

Al mencionar la psicología oscura, es muy importante separar y explicar adecuadamente estos dos conceptos y especificar que, a pesar de que una persona encaje en los patrones de conducta de la psicología oscura, no tiene por qué ser o llegar a ser un delincuente. De la misma manera, una persona con este patrón de conducta del que hablamos no tiene por qué ser fácilmente reconocible: puede serlo cualquiera.

 

Tácticas relacionadas con la psicología oscura

Algunas de las tácticas que comúnmente se relacionan con la psicología oscura, y a las que nos podemos enfrentar diariamente, pueden ser:

  • Love Flooding: uso de afecto para pedir algo.
  • Mentira: también podemos incluir aquí la exageración de la verdad o las verdades parciales.
  • Negación del amor: retención del afecto con objetivo de conseguir algo. También se puede dar en forma de abstinencia, o lo que podemos conocer como “hacer el vacío”.
  • Restricción de elección: ofrecer opciones para distraer de la elección no deseada.
  • Psicología inversa: tratar de convencer a una persona con la intención de que haga lo contrario.
  • Manipulación semántica: uso de palabras de forma diferente a la que el receptor percibe.

 

¿Quién puede llegar a utilizar estas tácticas?

Si bien es cierto que hay personas que conocen estas tácticas y las utilizan en pos de su favor, hay otras que pueden llegar a usarlas sin ser plenamente conscientes.

Todo el mundo podría utilizar las herramientas de esta corriente psicológica, pero hay ciertas personas que parecen utilizarlas con más frecuencia:

  • Narcisistas: las utilizan para mantener la adoración y el elogio del resto a sí mismos.
  • Sociópatas: las usan para construir una relación superficial y aprovecharse de ella.
  • Líderes: pueden utilizar algunas o todas las tácticas para lograr un mayor esfuerzo o desempeño de sus seguidores.
  • Personas egoístas: usan estas tácticas para satisfacer sus propias necesidades, incluso a expensas de otra/s persona/s.

 

Patrón de conducta: la tríada oscura

La tríada oscura constituye un patrón de conducta de la personalidad basado en rasgos propios del narcisismo, la psicopatía y el maquiavelismo.

Este término hace referencia a personas con puntuaciones altas en ciertos test de evaluación, indicando que pueden causar malestar y problemas en el ambiente laboral. Son perfiles caracterizados por falta de empatía, comprensión, compasión, y que suelen resultar poco agradables en general. Este trío, asimismo, define lo que generalmente llamaríamos una “mala persona”.

Hemos de recalcar que la denominación “oscura” no indica que sean rasgos negativos, sino que quizá pueden expresar frialdad o maldad al expresar las emociones, cierto toque de agresividad, o poca honestidad.

El estudio de la tríada oscura se utilizar principalmente en la psicología aplicada, especialmente en la ley, la psicología clínica y la gestión empresarial.

 

Los rasgos de la tríada oscura

A pesar de ser conceptualmente distintos, las evidencias sostienen que los tres rasgos que componen la tríada oscura están estrechamente relacionados, y asociados con la manipulación.

 

Narcisismo

Las personas narcisistas tienden a centrarse en sí mismas, fantasear con el poder y necesitar admiración. El narcisismo puede ser un rasgo de personalidad o un tipo de trastorno de personalidad. Es conveniente no mezclar ambos significados, ya que existe una diferencia clara entre ambas acepciones. La personalidad narcisista puede atender a: sobrestimación de la propia valía; necesidad excesiva de admiración; fantasías constantes con el poder y el éxito; necesidad de ser especial; creencia de un derecho adquirido (creer que se merece un trato especial o que se le debe algo); explotación de los demás; carencia de empatía; envidia hacia los demás, o la creencia de que se le envidia; actitud arrogante y prepotente.

 

Maquiavelismo

Se trata de un comportamiento muy marcado, con actitud cínica y estrategias con el fin de servir a sus propios intereses. Su significado se asocia a la manipulación, la astucia y el engaño. Es un rasgo de la personalidad que implica una priorización absoluta de los propios intereses, donde la persona no duda en manipular o explotar a otros para lograr sus fines.

 

Psicopatía

Con su base en la falta de empatía, convierte a la persona en alguien desinteresado por los demás, o más bien, por sus sentimientos. Se trata de un tipo de trastorno mental caracterizado por la alteración del carácter o de la conducta social de una persona. Las personas que cuentan con este rasgo siguen ciertas pautas de conducta: se muestran distantes y ajenos, con conductas crueles; a pesar de ser capaces de distinguir lo moralmente correcto, no les importa; y muestran conductas deshonestas y manipuladoras. Además, son capaces de relacionarse con normalidad con su entorno, pero no pueden llegar a mantener una relación afectiva sincera y fiable. También es importante recalcar que algunas personas nacen con predisposición genética, y que se vincula al entorno en el que se desarrolla la persona.

 

Sadismo

Recientemente, también se ha estudiado la posible adición de las personas sádicas, que disfrutan al infligir dolor a los demás y destacan en los niveles altos de crueldad. Dado que varias de las características del sadismo son similares a las de la tríada, y al mismo tiempo, cuentan con aspectos únicos, algunos psicólogos consideran que debe añadirse y formar una “tétrada oscura”. Por otro lado, otros investigadores opinan que el sadismo no puede reducirse a los otros rasgos.

 

Psicología oscura y psicopatía

En 1941, H. Cleckley editó la obra The Mask of Sanity, considerado el origen del estudio clínico de la psicopatía. Décadas después de eso, en 1976, Cleckley propuso ciertos rasgos para definir las psicopatías subclínicas. En realidad, al mencionar la psicología oscura, por norma general se hace mención a estas características. Hoy en día son más relevantes debido a la importancia adquirida de la psicología, por ejemplo, en procesos académicos o empresariales.

 

Rasgos de la psicopatía

  • Encanto superficial, que puede resultar atrayente.
  • Inteligencia destacable.
  • Ausencia de pensamientos irracionales, alucinaciones y nerviosismo.
  • Falta de sinceridad y honestidad.
  • Conductas antisociales no justificadas.
  • Incapacidad para sentir vergüenza y expresar remordimiento, o expresar emociones intensas referentes a otras personas, como amistad y/o amor. Relaciones afectivas inestables.
  • Dificultad para aprender de las experiencias y para adquirir resiliencia.
  • Egocentrismo y narcisismo.
  • Pérdida de intuición y/o sentido común.
  • Conductas exageradas, tales como amenazas de suicidio.
  • Incapacidad para elaborar un plan de vida, o en su defecto, seguirlo.

 

 

 

Guerra de Ucrania 02 May 2022

BY: Calltek

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Guerra de Ucrania: ¿cómo nos afecta psicológicamente?

En un mundo tan globalizado como el actual, donde un conflicto bélico de este calibre era, hasta hace prácticamente un par de meses, impensable, llegan a nuestros oídos de forma contante tres palabras: la guerra de Ucrania.

Y es que, a pesar de que geográficamente no nos situemos “cerca” del conflicto, socialmente estamos más cerca que nunca. Especialmente gracias a los medios de comunicación, cualquier acontecimiento relevante llega a tener impacto en nuestra vida cotidiana, ocurra donde ocurra.

Tampoco ayuda, además, el encontrarnos todavía en plena recuperación de una situación como la de la pandemia. Estos dos últimos años, si bien han sido difíciles para todos, parecían estar tranquilizándose con la ayuda de las vacunas. Hasta ahora.

 

¿Qué supone la guerra de Ucrania?

En realidad, uno de los puntos que más podemos escuchar a la hora de oír hablar de la guerra de Ucrania es el parón en seco a la tranquilidad. Es un fenómeno que es capaz de generar opiniones muy diversas y un gran movimiento social (ya sea a favor de unas opiniones o de otras).

En primer lugar, es básico recalcar que parece que todos tenemos claro un punto primordial: “no a la guerra”, presente en redes sociales, campañas sociales y en todo tipo de medios de comunicación. Sin embargo, debemos ser conscientes que la interpretación y consecuente actuación de este desastre puede ser muy diferente dependiendo de la franja de edad en la que nos encontremos.

  • Niños: lo más importante es saber cómo explicarles qué está ocurriendo en Ucrania, para que no generen miedos irracionales o estrés innecesario. De esa manera, debe formar parte de las conversaciones familiares, pero solo transmitiéndole certezas y seguridad, evitando cualquier tipo de confusión. Es vital hacerles entender que hay cosas que suceden que no tienen una explicación plausible, o que pueden no tener respuesta en ese momento. También es bueno que tengan la sensación de que pueden ayudar, aunque sea simbólicamente.
  • Adolescentes: el caso de los adolescentes, no obstante, es más peligroso. Al utilizar frecuentemente las redes sociales, no llegan a ser ajenos del conflicto. Pueden no entender del todo qué ocurre, pero saben que hay víctimas, y eso puede provocarles sufrimiento y malestar psicológico.
  • Adultos: los más afectados son los padres de niños en edad escolar, que entienden el conflicto, se preocupan por sus consecuencias, y, además, por lo que puede repercutirles o esperarles a sus hijos en el futuro.
  • Personas mayores: quizá se pueda decir que, dada su edad o sus experiencias, sean la franja más capaz de relativizar el problema y sufrir menos que otros grupos.

Efectos psicológicos en España

En nuestra nación, es importante conocer cómo nos afecta a nivel psicológico este conflicto. Un factor básico en estos efectos es, precisamente, el factor distancia. Con esto nos referimos tanto a distancia geográfica como a distancia emocional: si hemos viajado a Ucrania o Rusia o nos sentimos involucrados de alguna manera, nos afectará más.

Miedo

Ante la aparición de una guerra, el primer efecto que podremos observar entre la población es el miedo. Dadas las situaciones similares anteriores, la gente de a pie relaciona la guerra con el caos, la incertidumbre, la pobreza y la violencia.

Aunque no nos llegue a afectar de manera directa, sí que podemos llegar a empatizar con las víctimas, especialmente para las personas con hijos. Estos últimos pueden llegar a plantearse una sensación añadida de miedo o de duda ante lo que les puede deparar el futuro a sus descendientes.

Ansiedad

La angustia ante la incertidumbre es habitual en este tipo de situaciones. La aglomeración de noticias acerca de la guerra de Ucrania ya nos está pasando factura a nivel psicológico. En su peor estadio, este tipo de ansiedad puede llegar a causar insomnio y hasta depresión.

Hemos de tener en cuenta que la forma en que nos afecte la guerra dependerá en un alto grado de nuestra capacidad de resiliencia, de adaptarse a las situaciones estresantes y/o nuevas. También podrían darse casos de síntomas físicos a causa de los nervios o el estrés, como cefaleas, problemas intestinales o dermatitis.

En términos generales, si sentimos que estos efectos nos sobrepasan y no logramos gestionar nuestras emociones, podemos terminar por tener una inadaptación muy importante a periodos bélicos. Es muy complicado saber cómo podemos tratar la ansiedad ante este tipo de situaciones, y por ello, es importante recurrir a profesionales, que harán que todo resulte más sencillo.

 

¿Qué podemos hacer para sobrellevar la guerra de Ucrania?

Os dejamos una serie de consejos para tratar de continuar con nuestras vidas de la mejor manera posible mientras dure el conflicto:

  • Mantener distancia respecto al problema: a pesar de que es importante empatizar, en ocasiones debemos recordarnos que nosotros nos encontramos a cierta distancia del foco. Si en algún momento consideramos que nos sentimos demasiado angustiados, o que nos está afectando sobremanera, lo mejor es considerar la distancia emocional.
  • Priorizar los problemas: la manera en que nos afecte la guerra de Ucrania dependerá de forma determinante de la salud psicológica que tengamos previamente. Sin embargo, podemos utilizar a nuestro favor esta situación, comparando lo que considerábamos problemas y dándole a cada cosa su importancia real.
  • Afrontar el miedo: debemos evitar que la guerra sea un tema tabú. A pesar de que el miedo es una emoción necesaria para la vida (ya que va intrínsecamente ligada a nuestro sentido de la supervivencia), no podemos permitir que nos domine. Debemos entender que podemos tener miedo, pero no ser nuestro miedo: debemos seguir adelante, a pesar de sentirlo. Hablar de ello, por ejemplo, con amigos y familiares, puede ser muy útil.
  • Consumir información real y relevante: ante la era de la desinformación, es primordial saber que no todas las noticias que llegan a nuestros oídos son ciertas. Es muy importante contrastar la información y no creernos rumores o bulos.
  • Limitar el consumo de información: en ocasiones, nos puede parecer que la mejor solución es “saberlo todo”. En casos como este, donde abundan las malas noticias, es más adecuado limitar las horas de consumo para no obsesionarnos con el tema.

 

Si quieres ayudar a Ucrania, puedes echar un vistazo a ACNUR (aportaciones económicas) o Cruz Roja (ayudas económicas y voluntariado). Recuerda, que, además, nosotros nos encontramos disponibles para ayudarte a superar esta difícil etapa si lo necesitas.

¡Ánimo y di NO A LA GUERRA!

persona altamente sensible 15 Mar 2022

BY: Calltek

Diagnóstico y Tratamientos / Interesante

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Persona Altamente Sensible: ¿qué es y qué no es?

En los últimos tiempos, se ha hecho bastante eco de las PAS, o Personas Altamente Sensibles. Una Persona Altamente Sensible es aquella que posee el rasgo de la “Alta Sensibilidad”. A pesar de que el término fue acuñado en los años 90, por la psicóloga Elaine Aron, las investigaciones acerca de su validez, ámbito y repercusiones no han cesado. Es más, se han llevado a cabo desde diferentes puntos de vista para delimitarlo: neurología, genética, y por supuesto, psicología. Lo que se ha deducido de estos estudios es que se trata de un rasgo innato en nada menos que entre, como mínimo, un 15 y un 30% de la población.

Hay que aclarar que, a pesar de que comúnmente se asocie a la vulnerabilidad, debilidad, fragilidad, victimismo, o incluso “cosas de mujeres”, no tiene nada que ver con eso. Nada más lejos de la realidad.

 

¿Qué entendemos por Persona Altamente Sensible?

La Alta Sensibilidad, por definición, es un rasgo, es decir, una característica distintiva de una persona. Este tipo de personas poseen un sistema neurosensorial más desarrollado de lo común, y, por tanto, son capaces de procesar mucha más información simultáneamente.

Hay que entender que ser PAS no es ninguna enfermedad, trastorno o patología, y que posee ventajas e inconvenientes, como cualquier otra peculiaridad. Igualmente, una persona no puede “dejar de ser PAS”, ya que como explicamos, se trata de un rasgo, que además cuenta con una importante carga genética.

 

Características de las PAS: D.O.E.S.

Es importante conocer y saber gestionar las características de la Alta Sensibilidad para asegurar una buena calidad de vida a la Persona Altamente Sensible.

Para considerar que una persona es PAS, tiene que contar con todas las siguientes características, resumidas en el acrónimo D.O.E.S. (D de “Deep Processing”; O de “Overstimulation”; E de “Emotional Reactivity” y S de “Sensitive to Subtleties”):

  1. Deep Processing (Procesamiento Profundo): se refiere a la realización de análisis exhaustivos de los pensamientos. Una Persona Altamente Sensible evalúa las situaciones globalmente, comparando toda la información a la que pueda tener acceso. Además, no lo hace de manera voluntaria, y, por ende, no tiene control sobre esta acción: toma lugar de manera innata.
  2. Overstimulation (Sobreestimulación): una de las características más determinantes de las PAS es la reactividad a los estímulos, que se produce de manera desmesurada en comparación con una persona no PAS. Si sumamos esto al exceso de información que reciben del entorno, en muchas ocasiones la Persona Altamente Sensible termina por sentirse abrumada o exhausta.
  3. Emotional Reactivity (Reactividad Emocional): definida gracias a la fRMI (resonancia magnética funcional), una tecnología del campo de la neurociencia, se ha demostrado que las personas PAS registran más actividad de lo normal en el hemisferio derecho del cerebro. En esta área se encuentran las emociones, los sentimientos y la creatividad. También se ha observado una mayor cantidad de neuronas espejo, con más actividad.

    Las neuronas espejo son una clase se neuronas que se activan al ejecutar una acción o al observar la ejecución de esa acción por otro individuo. Permiten comprender los sentimientos de los demás y establecer conexiones con otras personas.

  4. Sensitive to Subtleties (Sensibilidad a las sutilezas): sensibilidad especial a las sutilezas y cambios del entorno. La Persona Altamente Sensible es capaz de percibir detalles que el resto pasan por alto.

¿Quieres saber si eres PAS? Realiza el test de PAS España desde aquí.

 

Características complementarias de la Persona Altamente Sensible

A pesar de que las D.O.E.S. son los cuatro pilares, podemos observar otras características frecuentes en las personas PAS:

  • Necesitan más tiempo para adaptarse a los cambios y cosas nuevas.
  • Poseen una alta sensibilidad al dolor físico y emocional.
  • Tienen dificultad para soportar estímulos muy intensos (luces, sonidos, sabores u olores).
  • Tienden a hiperempatizar y caer en el rol del “salvador”.
  • Rechazan la violencia en todas sus formas y expresiones.
  • Poseen un gran interés por desarrollarse personalmente.
  • Se sienten más cómodas en grupos pequeños.
  • Necesitan tener vínculos emocionales significativos, con una presencia natural del lenguaje emocional.
  • Tienden a somatizar el estrés, sufriendo largos períodos de ansiedad.

 

Qué NO es ser PAS

Hay otras características, sin embargo, con las que se puede confundir la Alta Sensibilidad. ¡Aclaramos algunas!

  • Ser una Persona Altamente Sensible no significa tener altas capacidades.
  • Los PAS no tienen por qué sufrir enfermedades autoinmunes.
  • Una PAS puede ser extrovertida (es más, un 30% lo son).
  • Las Personas Altamente Sensibles no son “videntes”, ni están obligadas a ser “espirituales”.
  • La Alta Sensibilidad no es un sinónimo de susceptibilidad, debilidad, etc. Tampoco se relaciona con la hipersensibilidad.

 

 

¿Cómo es la vida de una Persona Altamente Sensible?

Incluso contando con numerosas investigaciones y habiéndose demostrado sus teorías, a día de hoy todavía existe un gran desconocimiento general sobre las Personas Altamente Sensibles.

Es cierto que, en cierto punto, ser una persona PAS tiene sus ventajas: la vida es más intensa, sin duda. Sin embargo, lidiar con los contras de serlo quizá disminuya esa parte positiva.

¿Qué tiene de bueno?

Una PAS debe aprender a tomar conciencia de cómo es, a valorar positivamente sus aptitudes y, sobre todo, a despresurizar la información excesiva que recibe. Una vez hemos resuelto esta parte, contamos con varios puntos fuertes:

  • Las personas PAS tienen una gran capacidad de escucha y empatía, lo que facilita sobremanera la creación y mantenimiento de relaciones interpersonales.
  • Disfrutan de su espacio de soledad y son capaces de recuperar su equilibrio biológico antes de someterse a otra sesión de excitabilidad.
  • Debido a su gran gestión de la información, las PAS poseen una habilidad de análisis más profunda y precisa. También pueden desarrollar pensamientos deductivos en profundidad.
  • Una PAS siempre tomará partido ante una injusticia, y de la misma manera, pondrá todo de su parte para ser colaborativa.

 

¿Cuál es la parte “mala”?

Esta “sensibilidad desmedida” también cuenta con una serie de puntos débiles, a los cuales hay que aprender a hacer frente de la mejor manera posible.

  • De forma habitual, al recibir una gran cantidad de estímulos sensoriales a lo largo del día, la Persona Altamente sensible termina por saturarse, sufriendo bloqueos y estrés continuo.
  • Al experimentar profundamente todas las emociones, también experimentan de la misma manera los aspectos negativos, lo que puede conducir a tristeza, impotencia, o incluso a depresiones.
  • Una persona PAS necesita breves períodos de descanso tras la exposición continuada a estímulos.

 

NAS o Niños Altamente Sensibles

Dado que la etapa infantil es crucial para el desarrollo desde cualquier punto de vista, es importante saber reconocer los signos de que un niño pueda contar con el rasgo de la Alta Sensibilidad. Éste se manifiesta desde las primeras etapas vitales, y parece tener un componente genético determinante.

Es fácil que un NAS experimente estrés frecuente, dado que también presentan las D.O.E.S. y se pueden sobresaturar fácilmente. Suele tratarse de niños inteligentes y creativos, con poco control sobre sus emociones, y que parecen abrumarse ante los nuevos entornos. Estos niños, pese a lo que se pueda pensar, no tienen problemas de sociabilidad.

¿Cómo tratar a un NAS?

En primer lugar, es importante no colocar “etiquetas”. Hay que explicarle al pequeño que posee una serie de habilidades y características únicas, que le hacen especial. La mejor alternativa para explicar la Alta Sensibilidad es referirse a la “capacidad de sentir”, reforzando la existencia de personas que sienten con mayor intensidad.

Después, es importante evitar la exposición a un gran número de estímulos; facilitarle el descanso; tener paciencia e intentar comprenderle son los puntos clave de la educación de un Niño Altamente Sensible. Establecer límites mediante recompensas puede ayudarles a lidiar con su vida cotidiana, y el enseñarles a resolver problemas también se consideran tareas básicas para los padres de un NAS.

Stop Bullying 24 Feb 2022

BY: Calltek

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BULLYING II. Prevención y consecuencias

Una vez hemos clarificado qué es el bullying, qué tipos hay, y cómo detectarlo (si no lo has leído, puedes hacerlo aquí), llega la hora de combatirlo.

 

¿Qué podemos hacer para prevenirlo?

En primer lugar, debemos entender que este es el punto principal de nuestra estrategia. Una vez el bullying comienza, es muy complicado controlarlo, y por ello, el eje sobre el que actuar será, de forma inequívoca, la prevención.

Debido a las diferentes motivaciones del acoso, la propuesta de solución debe ser amplia y abierta, y con el diálogo como principal herramienta para comprender, en primer lugar, el por qué se podría producir ese acoso.

Reducción de la incidencia

El entorno del niño debe instaurar medidas que impidan la aparición de nuevos casos de acoso. Para ello, primero hay que identificar los factores de riesgo que pueden generarlos.

Reducción de los casos

Si el acosador teme ser castigado, el acoso tendrá menos posibilidades de producirse. El llevar a cabo actuaciones que den a entender que las personas adultas son conscientes del acoso, y que dificulten que el maltrato se siga produciendo, es clave. Sin embargo, para poder utilizar este método, debe existir una comunicación fluida entre las familias y el personal docente.

Intervención en todos los casos

La intervención debe ser individualizada, y tiene que ser precoz. En ocasiones, hay que modificar incluso la estructura de la clase, porque podrían estar fomentando el acoso.

Además, es importante actuar sobre los alumnos implicados, tanto la víctima como el acosador. Al final, lo importante es promover siempre el respeto a la diversidad.

Atención psicológica a la víctima

Hay casos en los que la víctima, una vez resuelta la situación de acoso, no necesite apoyo adicional, pero hay otros en los que sí que puede requerirlo. Lo importante es observar cómo responde el afectado al acoso, o su capacidad de resiliencia.

Prevención general

Hay algunas normas básicas que debemos seguir si queremos evitar la aparición del bullying:

  • Informar adecuadamente a los niños sobre qué es el acoso, cómo identificarlo y cómo actuar.
  • No restar bajo ningún concepto importancia a un posible caso de acoso escolar. El respeto y la escucha son claves para que la víctima se sienta segura y pida ayuda.
  • Dar ejemplo como adultos: el respeto y la amabilidad son las bases de la lucha contra el bullying.

 

Y una vez localizado, ¿qué hacemos?

Por la parte de los padres y familiares

En el caso del entorno más cercano, veamos paso a paso cómo actuar frente al bullying:

  • Escuchar al niño y asegurarle que tiene derecho a sentirse seguro y feliz. Lo importante es hacerle entender que él no tiene la culpa de sufrir acoso.
  • Tomar notas de lo que nos cuente con fechas, lugares y hechos.
  • Hazle sentir seguro, que sepa que estás a su lado y le escuchas, y que estarás ahí para lo que necesite. Un objetivo claro es reforzar la autoestima de la víctima.
  • Tratar de hacer entender al menor la diferencia entre “delatar” o “chivarse” y “pedir ayuda”.
  • Procura mantener una comunicación sincera y abierta con el personal del centro, principalmente con el director y el tutor del niño. También, si es necesario, se debe contactar con la policía, para evitar situaciones de acoso fuera del horario escolar.
  • Enseñar a la víctima a responder frente al acoso: minimizar el impacto frente al agresor, por ejemplo.

Por la parte de los docentes

La función principal de los profesores es mantenerse alerta y observar con cuidado lo que ocurre alrededor de la víctima, para actuar lo antes posible ante una situación de bullying.

  • Exigir una disculpa a los alumnos frente a las faltas de respeto. En ocasiones más extremas, se pueden llegar a tomar acciones disciplinarias, como una suspensión.
  • Proponer actividades que fomenten la empatía y la superación de estereotipos.
  • Vigilar correctamente el patio de recreo.
  • Informar sobre el bullying a las autoridades del colegio, y solicitar una reunión con los padres de los implicados.
  • En el caso de los padres del agresor, recomendar visitas al psicólogo para estudiar y solucionar los problemas de comportamiento del mismo.
  • Realizar juegos y actividades que fomenten la participación y la inclusión de todos los niños. También, para los menores introvertidos o a los que les cuesta socializar, buscar métodos de integración.
  • Formarse en torno al bullying y utilizar herramientas de detección de acoso escolar.

 

Las consecuencias del bullying

Las consecuencias recaerán, en su mayor parte, sobre la víctima. Pueden presentarse como:

  • Fracaso escolar.
  • Niveles altos de ansiedad.
  • Fobia al colegio.
  • Insatisfacción y/o cambios de personalidad. Esto desemboca en que el niño pueda convertirse en una persona insegura, con baja autoestima.

Las víctimas llegan a creer que no son competentes ni académica ni socialmente. Esto puede llegar a provocar reacciones agresivas, que desembocan en intentos de suicidio.

 

Mobbing: acoso en adultos

En el ámbito del trabajo, el bullying es conocido como mobbing o acoso laboral. Este tipo de acoso suele ser de tipo psicológico, mediante burlas, amenazas o aislamiento. Sin embargo, en algunos casos, si no se consigue nada mediante el acoso psicológico, el agresor también puede llegar a recurrir a conductas violentas que incluyen agresiones.

Generalmente, el objetivo de este maltrato es hacer que la persona acosada dimita o sea despedida de la empresa.

Encontramos dos tipos principales de mobbing:

  • Mobbing vertical: el agresor se sitúa en un puesto de superioridad laboral frente a la víctima, es decir, es su “jefe”. Se aprovecha de la situación de mando para acosar a uno o varios de sus trabajadores, mediante una gran variedad de formas.
  • Mobbing horizontal: tanto el acosador como el acosado se sitúan en el mismo escalafón jerárquico, es decir, son compañeros de trabajo. El origen de este tipo de acoso suele ser la envidia, discriminación o desavenencias laborales.

Las consecuencias del bullying adulto son físicas y/o psicológicas. Las físicas suelen cursar con síntomas provocados por la somatización del estrés y la ansiedad, mientras que las psicológicas son la depresión, estrés continuo o esta misma ansiedad.

Respecto a los recursos, una vez se reconoce la situación, tenemos dos vías de acción:

  • Vía legal: el acoso laboral se encuentra tipificado y puede denunciarse por vía penal, civil o como contencioso administrativo.
  • Vía interna: informando a los superiores (especialmente en el caso del mobbing horizontal) y comprobar si existe un protocolo de actuación. Si no, la empresa debe proponer una solución.

Los adultos que hacen mobbing, a su vez, pueden dividirse en varios tipos (aunque pueden aparecer otras personalidades, estas son las más frecuentes):

  • Bully narcisista: no siente empatía y es egocéntrico. No teme a las consecuencias, y su objetivo es reducir la autoestima de otra persona para aumentar la suya.
  • Bully impulsivo: no planea su acoso. No logra contenerse, y a veces, acosa sin pretenderlo, llevado por una situación de estrés o ira.
  • Bully físico: es muy poco frecuente en adultos. Sin embargo, puede robar o dañar las pertenencias de la víctima, o amenazar con recurrir a la violencia física.
  • Bully verbal: puede crear rumores y mentiras para desacreditar o humillar a la víctima. Es un acoso difícil de documentar, y de los que más impacto emocional y psicológico tienen.
  • Bully secundario: es el apoyo del acosador principal.

 

 

 

imagen de bullying 24 Feb 2022

BY: Calltek

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BULLYING I. Un problema de todos

Recientemente, hemos sido testigos del preocupante aumento y gravedad de los casos de bullying a nivel mundial, con consecuencias catastróficas tanto para las víctimas como para sus familias. Sin embargo, a pesar de contar con ideas generales, sabemos menos de lo que creemos acerca de este tipo de maltrato.

¿Qué es el bullying?

El bullying es, por definición, la exposición que sufre una persona a daños físicos y psicológicos, de forma intencionada y continuada por parte de otra persona o grupo de personas. Asimismo, son todos aquellos comportamientos de persecución u hostigamiento. El objetivo de este tipo de maltrato es intimidar, dañar y asustar, de manera que el agresor pueda obtener algo de su víctima.

Si bien el más conocido es el llamado acoso escolar, que se produce en niños y adolescentes, no debemos confundirnos: también existe el bullying entre adultos, lo que llamamos “mobbing”.

 

Acoso escolar: ¿por qué ocurre?

El bullying entre menores, o acoso escolar, suele producirse durante los momentos en los que el acosador (o “bully”) cree que las figuras adultas no le están observando: en los recreos, cambios de clase, transporte escolar…

Las causas que dan origen al bullying dependen de cada caso y situación, pero podemos destacar una serie de características comunes en el perfil del acosador:

  • El acosador escolar es incapaz de sentir empatía con su víctima, y por tanto, no es sensible al sufrimiento que provoca.
  • En muchas ocasiones, el origen de la violencia del acosador proviene de problemas sociales o familiares. En adición, puede que sean personas que también han sido o están siendo acosadas.
  • Otro factor que puede influir en el comportamiento del acosador es una situación socioeconómica desfavorable, o la existencia de una familia disfuncional.
  • Es importante recalcar que uno de los puntos clave para que los comportamientos de maltrato se produzcan es el clima escolar. Si el acosador se ve a sí mismo con ventaja sobre la víctima (por ejemplo, si no recibe castigo, o sus compañeros lo apoyan), se sentirá seguro con sus acciones, y por tanto, no cesará en su acoso.

 

¿Cómo saber si alguien está sufriendo bullying?

La detección del acoso es muy difícil, puesto que normalmente, la víctima tiende a ocultarlo de sus seres queridos y no pide ayuda. Como persona docente o familiar, es importante conocer a los niños y saber reaccionar frente a cambios bruscos en su personalidad.

Hay que tener en cuenta, desgraciadamente, que hay colectivos más propensos a sufrirlo, como el colectivo LGTBI+, en cuyo caso se denomina bullying homofóbico, o sencillamente menores percibidos como “diferentes”. No obstante, queremos recordar que cualquiera puede ser acosado, aunque no forme parte de estos colectivos.

Sin embargo, hay una serie de indicadores que pueden alertar a la familia y a los docentes:

  • Descenso del rendimiento escolar.
  • Depresión, ansiedad, irritabilidad o malestar generalizado. También se puede observar intranquilidad, como si el niño estuviera en estado de alerta constante.
  • Insomnio o dificultades para dormir.
  • Aislamiento social y apatía. El menor suele sentirse incómodo con otras personas, y presenta conductas de evitación.
  • Rechazo a ir al colegio, o a ver a sus compañeros (por ejemplo, clases extraescolares u otras actividades en los que sus compañeros se vean involucrados).
  • En muchos casos, y debido al miedo, el niño niega los hechos: por ejemplo, llega a casa con una herida a casa, e intenta ocultarla, o la encubre con algún tipo de mentira. En caso de duda hacia él, comienza una respuesta emocional extrema, como un llanto incontrolado o temblores.
  • En la peor de las situaciones, normalmente cuando el menor lleva sufriendo bullying mucho tiempo, o de forma muy intensa, aparecen las ideas e intentos de suicidio.

Recientemente, también contamos con la regla de las 4 Cs, elaborada por NACE (No Al Acoso Escolar), que nos indica lo siguiente respecto a cómo detectar el bullying:

  • Cambios: bajadas en las notas, cambios de humor, pérdida del apetito, pérdida o deterioro frecuente del material escolar, desinterés por relacionarse… cualquier cambio en la actitud o el entorno del menor puede ser un signo de atención.
  • Campanas: “Hacer campanas” es uno de los sinónimos del absentismo escolar, es decir, no acudir al colegio. El niño presenta el síndrome del “domingo por la tarde”, es decir, una somatización de la angustia y del miedo que cursa con dolores de cabeza, náuseas, etc.
  • Cuerpo: si la respuesta inconsciente de la víctima cambia (se encoge, mira al suelo, quiere esconderse), y sobre todo, si sentimos que se asusta fácilmente, es un signo de alerta importante. En este punto también pueden presentar lesiones y/o autolesiones.
  • Costumbres: los cambios en la vida diaria, como el querer llegar más pronto o más tarde al colegio para no encontrarse con los agresores; el no querer salir a la pizarra… La comprensión del lenguaje escénico puede proporcionarnos pistas muy relevantes a la hora de detectar un caso de acoso.

 

Tipos de bullying

Siempre que se hace referencia al bullying, solemos imaginar una forma concreta del mismo. Sin embargo, el bullying se puede producir de muchas maneras y con muchas intensidades diferentes. Según las pautas generales, las formas de acoso se dividen de la siguiente manera:

  • Acoso físico: en el directo, podemos observar golpes, empujones, o uso de armas para herir a la víctima. En el indirecto, lo más común es el romper o esconder sus cosas para que no pueda encontrarlas. Es el tipo de acoso más común, especialmente entre chicos.
  • Acoso psicológico: es aquel donde atacan la autoestima de la persona, y buscan producir miedo en ella mediante chantajes o intimidación, por ejemplo. Es uno de los más difíciles de detectar, ya que este tipo de acoso se produce a espaldas de cualquier persona que pueda ayudar a la víctima.
  • Acoso verbal: insultos, imposición de motes, amenazas o provocaciones. Es más utilizado por chicas a medida que se acercan a la adolescencia.
  • Acoso social: el objetivo de este tipo de acoso es aislar a la víctima. Se realiza difundiendo rumores, humillando a la víctima o tratando de convencer a otros niños para que no hablen con ella.
  • Acoso sexual: cualquier acción referente al acto sexual, o burlas acerca de la orientación sexual. En casos graves, pueden llegar a producirse conductas de abuso sexual.
  • Cyberbullying: ocurre a través de dispositivos electrónicos. La forma de proceder es mediante mensajes o e-mails desagradables, difusión de rumores por e-mail o en redes sociales, imágenes o vídeos denigrantes, o incluso la creación de perfiles falsos. Es un tipo de acoso grave y preocupante, ya que a través de las redes se consigue un gran alcance y una gran visibilidad. Con frecuencia, complementa a alguno/s de los vistos con anterioridad.

 

 

 

 

pandemia y población 25 Ene 2022

BY: Calltek

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SALUD MENTAL Y PANDEMIA I. El proceso

A raíz del origen de la pandemia de la COVID-19, la manera en que vivimos nuestras vidas dio un giro de 180 grados. Esta novedad, en ocasiones, supuso una serie de cambios en nuestras rutinas diarias, y no siempre para mejor. La incertidumbre, la presión económica, o el aislamiento, han repercutido negativamente en muchos de nosotros.

La preocupación constante y temática de la pandemia a nivel personal y social, y al mismo tiempo, el exceso de información, los rumores o las “fake news” (información y noticias trucadas), hacen que nos sintamos, en gran parte, estresados, ansiosos, atemorizados, tristes, o simplemente solos.

 

¿Cuándo empezar a preocuparse?

Si bien es normal sentirnos estresados o ansiosos durante el período que nos concierne, una vez los signos y síntomas persisten durante varios días seguidos, te hacen sentir cansado o abatido, y notas que están comenzando a interferir en tu vida diaria, dificultando tu ritmo de vida, es el momento de pedir ayuda a un profesional.

 

Las restricciones de la pandemia: el precio de la salud

En primer lugar, hemos de puntualizar que estas restricciones han sido, son y quizá serán, básicas y necesarias para luchar contra esta pandemia. En ningún momento dudamos de su eficiencia, solo nos limitamos a explicar cómo han repercutido en nuestra salud mental.

El confinamiento y el distanciamiento físico y social interrumpen los procesos relacionales, es decir, disminuyen la disponibilidad de apoyo, las interacciones, y la habilidad de afrontamiento, que se trabaja principalmente mediante las relaciones sociales. Debido a eso, se asocian a un malestar psíquico e incluso a algunos trastornos (ansiedad, depresión, insomnio o síndrome de estrés postraumático). Esto debemos sumarlo a los procesos de duelo acumulados por las pérdidas sufridas durante estos casi tres años.

Asimismo, el cierre de los centros educativos y la limitación de actividades sociales aumentan notablemente el riesgo para la salud mental en niños y adolescentes en varios niveles. Las personas mayores, por su parte, también sufren un impacto negativo al ver disminuida su interacción social, y, además, son los que están soportando los peores efectos de esta pandemia.

 

Los niños y la COVID-19

A pesar de que la pandemia está perjudicando todos los pisos de la pirámide poblacional, UNICEF recalca lo importante que es tener en cuenta los efectos que tiene sobre los jóvenes y los niños, puesto que dichos efectos podrían prolongarse en su bienestar durante muchos años.

Debido a los confinamientos y a las restricciones de movimiento, los niños han perdido mucho contacto con su familia, amigos, docentes y simplemente con sus lugares favoritos. A pesar de acercarnos ya al tercer año, las consecuencias para la salud mental y el bienestar infantil siguen siendo abrumadoras. La alteración de las rutinas y la preocupación creciente de los familiares hace que muchos jóvenes sientan miedo, preocupación e incluso rabia por lo que les depara el futuro.

¿Qué ocasiona la pandemia en los niños?

A pesar de que el coronavirus no ha sido especialmente lesivo para los niños, sí que lo han sido los cambios en las circunstancias de sus vidas que ha acarreado:

  • La percepción del tiempo: al no ser la misma para niños y adolescentes que para los adultos, puede influir de forma muy severa a su crecimiento y a su desarrollo emocional. En concreto, durante la adolescencia, se producen interacciones necesarias para la maduración cerebral y el entorno social. El aislamiento puede hacer visible, o incluso provocar, un trastorno psiquiátrico.
  • Traumas: la pandemia puede considerarse un acontecimiento traumático, que puede precipitar psicopatologías por diversas razones.
  • Limitación de relaciones sociales: las consecuencias del confinamiento y el distanciamiento social son, por ejemplo, la disminución de la actividad física, el abuso de nuevas tecnologías, los patrones de sueño irregulares o las dietas inadecuadas, entre otras.
  • Cambios de carácter: a pesar de que, al principio, el confinamiento pudo resaltar pensamientos y comportamientos positivos por parte de los niños, dado que podrían percibirlo como una “aventura”, con el paso del tiempo, han aparecido problemas como apatía, inquietud, aburrimiento, dificultades de concentración, insomnio o miedos excesivos.

A día de hoy, no se descarta que estos efectos se puedan prevenir a largo plazo, es decir, que puedan revocarse con la atención y las medidas adecuadas.

pandemia y salud mental 25 Ene 2022

BY: Calltek

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SALUD MENTAL Y PANDEMIA II. La conclusión

Si algo nos ha quedado claro durante la pandemia, es el hecho de que la atención a la salud mental necesita un reconocimiento y un impulso por parte de todos.

Los servicios de salud mental de calidad siempre han sido necesarios, y deberían haber sido básicos desde hace mucho tiempo, pero la pandemia ha hecho visible la importancia real tanto de la salud mental en sí, como de la atención que hay que dedicarle para que no desemboque en un problema. Anteriormente, la salud mental era algo muy estigmatizado y poco reconocido, que se ha ido haciendo más y más visible a causa de la complicada situación que nos ha tocado vivir. Si te interesa comprender un poco mejor el proceso de cómo ha afectado la pandemia a la salud mental de la población, puedes leer acerca del tema aquí, en nuestra propia página.

Está claro que reducir el estigma en torno a las enfermedades y a la salud mental, y el garantizar el acceso a servicios de salud de calidad, debe ser una de nuestras metas a cumplir de ahora en adelante.

La salud mental nos hace capaces de pensar, sentir, aprender, trabajar, construir relaciones y, en general, contribuir a nuestro propio crecimiento y al de nuestra comunidad.

Al igual que la salud física, que podemos observar de forma mucho más sencilla, y de la que casi nadie se atreve a dudar, la salud mental es un derecho, y debe considerarse y tratarse con la misma importancia que su homónima.

¿Cuál ha sido el coste de la pandemia?

Cualquier trastorno mental diagnosticado puede suponer un importante perjuicio para la salud, la educación o las condiciones de vida de la población. La pandemia ha influido profundamente en nuestra manera de relacionarnos con los demás, en nuestra forma de interactuar con nuestro entorno, e incluso en nuestra actitud ante la vida en general.

Por ejemplo, algunos de los impactos más significativos han sido:

  • Debido a la implantación del teletrabajo y la escolarización en casa, los roles familiares se han modificado sustancialmente.
  • Ha habido un incremento significativo de la frecuencia y de la gravedad de la violencia en el hogar.
  • Muchos de los estudios realizados han evidenciado un impacto negativo de la soledad en la salud mental, reduciendo también nuestra resiliencia.
  • Aparición de ansiedad por la salud, sobre todo en las personas que se vieron y se ven expuestas a mayor riesgo de infección.

Salud mental autocuidado: medidas básicas

Precisamente por el hecho de enfrentarnos a una situación nueva y potencialmente peligrosa para nuestra salud, tanto mental como física, hemos de tomar el control sobre nosotros mismos e intentar cuidarnos, ahora más que nunca, para hacer frente a esta dificultad, y hacernos todavía más fuertes.

“Mens sana”… O la parte de la salud mental

  • Mantener las rutinas habituales: tanto en horarios, como en las actividades que podemos hacer, es bueno seguir viviendo (en la medida de lo posible, claro) tal y como lo hacíamos “antes de la pandemia”. Es un buen momento para añadir otras actividades que consideremos disfrutables, nuevos hobbies, etc.
  • Los medios de comunicación, a raya: a día de hoy, por desgracia, el exceso de información es uno de nuestros problemas fundamentales. La exposición constante a noticias sobre la COVID-19, ya sean verdaderas o falsas, tanto en televisión como en redes sociales, hace que nuestro miedo o nuestra neurosis pueda intensificarse o convertirse en un problema. Es bueno leer acerca de recomendaciones, o en caso de tener dudas, pero siempre por parte de fuentes confiables, como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, o la Organización Mundial de la Salud.
  • Ocupa tu tiempo: cualquier distracción saludable puede alejarnos de los pensamientos negativos, y al mismo tiempo, hacer que nuestro estado de ánimo mejore considerablemente, centrándonos en los pensamientos y sensaciones positivas.
  • Establecer prioridades: el fijarnos metas razonables todos los días también mejora nuestro estado de ánimo, nos relaja y potencia nuestra positividad.

“In corpore sano”… O la parte de la salud física

  • Horario de sueño: debemos dormir lo suficiente, pero procurar mantenernos activos el resto del día.
  • Actividad física regular: cualquier actividad física que incluya movimiento puede ayudarnos a reducir la ansiedad y a mejorar el estado de ánimo. Si, además, se produce al aire libre, también nos ayudará a calmarnos. En este punto destacaremos el yoga, pilates y taichí, ya que son disciplinas que, además de mantenernos en forma, pueden hacer más sencilla la relajación, que es justo lo que necesitamos.
  • Dieta saludable: aunque pueda parecer difícil, es el momento idóneo para aprender a alimentarse de manera equilibrada. También es buena idea limitar la cafeína en la medida de lo posible.
  • Evitar tabaco, alcohol y drogas ilícitas: en general, el consumo de este tipo de sustancias para enfrentar o restar importancia a los problemas de cualquier índole puede empeorar las cosas. Igualmente, debemos evitar tomar fármacos como medio de afrontamiento (a menos que sean recomendados por un facultativo).
  • Reducir el tiempo frente a pantallas: apagar los dispositivos electrónicos durante un período de tiempo al día, especialmente antes de acostarse, también repercute positivamente en nuestra salud.

 

Ludopatía 14 Dic 2021

BY: Calltek

Diagnóstico y Tratamientos / Interesante

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Ludopatía: el problema del juego

Para comenzar, es necesario definir lo que entendemos por ludopatía. La ludopatía o juego patológico es una enfermedad que se caracteriza por la adicción y el impulso irrefrenable de jugar. La ludopatía se produce en los juegos que tienen capacidad adictiva, es decir, en los que transcurre poco tiempo entre la apuesta y el premio conseguido. Es importante recalcar que no todas las personas que juegan desarrollan una adicción al juego. Igualmente, existen personas no adictas que también hacen un mal uso de los juegos de azar.

¿Y por qué se apuesta? Las apuestas pueden estimular los sistemas cerebrales de recompensa, y causar adicción.

A día de hoy, estos juegos se pueden desarrollar en locales físicos y en sus alternativas virtuales en Internet: casinos, salas de apuestas, etc. Este tipo de adicciones, es decir, sin sustancia, suelen pasar más inadvertidas y ser más aceptadas por la sociedad.

La edad de inicio de los jugadores es cada vez más temprana, sobre todo en Internet. Este aumento de cifras se ve sustentado, en parte, por la imagen de las personas influyentes que se prestan para asociar el juego a algo positivo.

 

Fases de la ludopatía

Es posible que una persona nazca o crezca con propensión a desarrollar ludopatía, pero no se desarrolla espontáneamente. Cuenta con un proceso con una serie de etapas:

  1. Fase de ganancias: el éxito continuo lleva al paciente a creer que es especial, con habilidades o suerte únicas, y se llega a creer que puede cambiar su vida gracias al juego. Esta primera etapa es decisiva para la generación de las siguientes, puesto que el impacto es demoledor.
  2. Fase de pérdida: el jugador comienza a perder, y ante cada pérdida, el jugador trata de apostar lo suficiente como para recuperar las pérdidas. En esta etapa, las relaciones sociales comienzan a resultar un estorbo.
  3. Fase de desesperación: en esta etapa, comienza a generarse la desesperación por conseguir el dinero para sus deudas. La ansiedad y la angustia se disparan.
  4. Fase de agotamiento: esta etapa es la más peligrosa. El jugador sabe que perderá, pero no logra abstenerse de jugar de nuevo. Podría empezar a sopesar, incluso, el suicidio.

 

¿Por qué la ludopatía es tan grave?

Este tipo de apuestas causan estragos en los núcleos familiares y en las relaciones sociales, principalmente mediante el efecto dominó que se produce y afecta a todas las áreas significativas de la persona, llegando a perjudicar al paciente incluso laboralmente. En las últimas décadas, la ludopatía es la adicción sin sustancia más atendida en los centros de salud.

La adicción puede impactar de forma diferente en cada familia, pero algunas de las consecuencias más habituales son:

  • Problemas emocionales y psicológicos en todos los miembros de la familia.
  • Deterioro de las dinámicas familiares.
  • Minimización y/o ocultación del problema.
  • Problemas económicos y legales.
  • Problemas laborales y académicos.
  • Conflictos asociados directamente al problema.
  • Aparición de otras adicciones, para hacer la principal o sus consecuencias psicológicas más llevaderas.
  • Mal estado de salud general.
  • Suicidio, intentos de suicidio o pensamientos suicidas.

 

Síntomas e indicadores de ludopatía

  • En primer lugar, presentar los mismos rasgos que un adicto: repetición de una conducta o acción que resulta placentera; pérdida del control; o síndrome de abstinencia si se interrumpe el hábito.
  • Problemas económicos repentinos.
  • Mostrarse preocupado por las apuestas, por ejemplo, planificando continuamente cómo ganar más.
  • Necesidad de apostar sumas cada vez más altas (y, sin embargo, lograr la misma emoción).
  • Mostrar inquietud o irritabilidad al intentar reducir las apuestas.
  • Apostar para escapar de los problemas o aliviar sentimientos negativos.
  • Intentar recuperar las pérdidas con más apuestas.
  • Ocultar la magnitud de las apuestas a su entorno.
  • Poner en peligro o perder relaciones importantes debido a las apuestas.
  • Recurrir al robo o fraude para recuperar las pérdidas.
  • Pedir a otras personas que se hagan cargo de tus problemas económicos a causa de las apuestas.

Sin embargo, a diferencia de los apostadores ocasionales, las personas que sufren ludopatía no pueden evitar seguir jugando, generando un patrón que se vuelve cada vez más destructivo con el tiempo.

Algunas personas pueden tener períodos de remisión, en los que reducen la cantidad de apuestas durante un tiempo. Sin tratamiento, esta remisión es meramente temporal.

 

Factores de riesgo

A pesar de que la mayoría de las personas que juegan no suelen desarrollar un problema, hay ciertos factores que cada vez, están más asociados a la ludopatía:

  • Trastornos de salud mental. Las personas sensibles son personas que ya pueden arrastrar problemas con el abuso de sustancias, trastornos de personalidad, depresión o ansiedad, aunque también puede asociarse a otros trastornos.
  • La ludopatía es más frecuente en personas jóvenes y de mediana edad, y también es más frecuente en hombres que en mujeres.
  • Influencia de familiares o amigos.
  • Ciertos medicamentos llamados agonistas dopaminérgicos pueden tener un efecto secundario poco frecuente, que produce conductas compulsivas.
  • Ciertas características de la personalidad: la competitividad, adicción al trabajo, impulsividad, inquietud, o una persona que se aburre fácilmente.
  • Propensión a hacerse adicto en caso de haberse expuesto al juego.
  • Problemas de inestabilidad psicológica o con problemas personales y sociales.
  • Estructura del juego y publicidad: dependiendo del juego, puede tener más o menos componentes adictivos. Además, la publicidad de la que disponga puede incluso reforzar la idea de que realmente el juego puede ser una solución.
  • Factores específicos actuales: conexión las 24h del día a Internet; la carencia de filtros en los contenidos para menores; la falta de límites por parte de los adultos a cargo; la nomofobia, o dependencia patológica del teléfono móvil; o el ocio excesivo.
  • A día de hoy, las casas de apuestas funcionan también como lugares de socialización, y algunas están ubicadas incluso cerca de centros educativos.

Hay que tener en cuenta que la ludopatía se desarrolla de forma diferente en función de la predisposición.

 

¿Cuál es el tratamiento más adecuado para la ludopatía?

El tratamiento para la ludopatía puede resultar complejo. En parte, esto puede deberse a la dificultad de los pacientes para admitir que tienen un problema.

El tratamiento puede incluir los siguientes enfoques:

  • La terapia conductual o la terapia cognitiva conductual pueden ser muy útiles. La terapia conductual utiliza la exposición sistemática a la conducta negativa y ayuda con estrategias para reducir la adicción. Por otro lado, la terapia cognitiva conductual se enfoca en identificar las creencias dañinas, y a reemplazarlas por otras positivas y sanas. También puede ayudar la terapia familiar.
  • Los medicamentos, como antidepresivos y estabilizadores del estado de ánimo pueden ayudar a solucionar los trastornos contiguos a la ludopatía, e incluso ser eficaces en la disminución de las conductas ludopáticas.
  • Grupos de autoayuda.

 

Los jóvenes: el nuevo grupo de riesgo

Actualmente, la ludopatía online afecta a 3 jóvenes por cada adulto, según un estudio realizado por la organización Proyecto Hombre de León. Este mismo estudio ha revelado que los jóvenes participan en actividades relacionadas con la ludopatía incluso con más frecuencia que otros comportamientos considerados por la sociedad como adictivos. La proliferación de los juegos de azar y apuestas en Internet ha hecho que la edad a la que comienzan a apostar los jóvenes disminuya, facilitándoles no solo el acceso, sino todo el proceso inherente al juego en sí.

El problema, además, es que los jóvenes no suelen admitir su problema, y por tanto, muy pocos buscan tratamiento o simplemente consejo profesional.

En estos casos, lo más adecuado es tratar de detectar lo más temprano posible las conductas adictivas. Hay tres indicios clave:

  • Excesivo interés por el juego: una de las modalidades más comunes son las apuestas deportivas. Si el joven se muestra con ansiedad, podemos generar una sospecha sólida.
  • Mentir para cubrir la adicción al juego: mentir sobre si juegan, cuándo, cuánto y dónde juegan, también es un indicio importante.
  • Problemas con el dinero: de repente, a la persona comienza a faltarle dinero, y puede pedirlo, sorprenderle robando, etc.

 

autolesiones 30 Nov 2021

BY: Calltek

Diagnóstico y Tratamientos / Interesante

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Depresión en adolescentes II: las autolesiones

Tras la definición y explicación del problema de la depresión en adolescentes en el artículo anterior, ahora vamos a ahondar en una de sus señales más perceptibles: las autolesiones.

La autolesión no suicida (generalmente llamada autolesión), se define como el acto de dañarse deliberadamente el propio cuerpo. Estos daños se pueden producir de diversas maneras: cortes (cutting), quemaduras… Normalmente, no pretende transformarse ni ser un intento de suicidio, si no una forma errónea de enfrentar sentimientos negativos. Así, no se considera una conducta suicida.

¿Y por qué se recurre a la autolesión? A pesar de que en un primer momento la idea nos cause rechazo (y debe ser así, ya que se trata de un comportamiento instintivo), la autolesión puede traer consigo una sensación de calma y liberación de tensión momentáneas. Habitualmente, tras sufrir esta autolesión, aparecen la culpa, la vergüenza, y vuelven también los sentimientos negativos. Este comportamiento, además, conlleva la posibilidad de acciones más agresivas o graves contra uno mismo llegando incluso a ser mortales. Actualmente, según los estudios, puede darse en una frecuencia del 8% al 14% en adolescentes, y más en mujeres que en hombres.

Este tipo de lesiones suelen darse en privado, y se realizan de manera controlada o hasta en forma de rituales, que a menudo, deja patrones específicos sobre la piel. Suelen darse mayoritariamente en brazos, piernas y la parte frontal del torso, pero se consideran autolesiones en cualquier parte del cuerpo. El enfado o la ira puede desatar el impulso de la autolesión, de manera que muchas personas lo hacen unas cuantas veces, y después, se detienen. Si bien sigue siendo preocupante, el peligro principal es que se convierta en un comportamiento repetitivo a largo plazo.

 

¿Cómo podemos intuir lo que ocurre?

Los signos y síntomas de las autolesiones pueden incluir:

  • Heridas: normalmente, en determinados patrones. Suelen ser cortes, arañazos, hematomas, marcas de mordeduras… También se puede recurrir al frotamiento excesivo de un área para crear una quemadura.
  • Mantener siempre al alcance objetos peligrosos: cuchillos, navajas, tijeras…
  • Utilizar ropa que oculta el cuerpo, incluso cuando la temperatura es alta.
  • Aumento de las lesiones accidentales.
  • Dificultades a la hora de establecer o mantener relaciones interpersonales.
  • Inestabilidad emocional, impulsividad e imprevisibilidad.
  • Declaraciones de frustración, falta de valor, tristeza o desesperanza.
  • Aislamiento social: el adolescente puede mostrarse más callado que de costumbre, o intentar pasar desapercibido en la vida cotidiana.

Hay ciertos factores de riesgo, además, que pueden aumentar la probabilidad de que se produzca el comportamiento autolesivo:

  • Entorno con personas que se autolesionan.
  • Problemas emocionales o de salud mental, y especialmente, la depresión.
  • Abuso de alcohol y/u otras sustancias.

 

¿Qué autolesiones existen?

  • Cutting: generalmente, cortes o rasguños profundos, realizados con objetos afilados. Este tipo de autolesiones son especialmente peligrosas, ya que cuantas más veces se haya cortado la persona, más necesidad tendrá de hacerlo.
  • Quemaduras: con cerillas o cigarrillos, con agua hirviendo, o con otros objetos calientes.
  • Grabación de palabras y/o símbolos en la piel.
  • Golpearse a sí mismo, sobre todo en la cabeza.
  • Perforación de la piel.
  • Inserción de objetos bajo la piel.
  • Ingesta de elementos venenosos.
  • Dermatilomanía: frenar la cicatrización de las heridas.
  • Tricotilomanía: impulso por arrancarse vello del cuerpo.

Cualquiera de las conductas mencionadas se agrava con el consumo de alcohol y otras sustancias.

En función de la gravedad de las conductas autolesivas, podemos clasificar las autolesiones eh:

  • Comportamientos autolesivos estereotipados: pueden realizarse en cualquier lugar y variar la gravedad de las lesiones.
  • Comportamientos autolesivos mayores: implican algún tipo de amputación. Asociados a psicopatología grave y psicótica.
  • Comportamientos autolesivos compulsivos: repetitivos y ritualizados, se dan múltiples veces al día.
  • Comportamientos autolesivos impulsivos: existencia de preocupación a la hora de autoagredirse. Produce ansiedad y sensación de alivio posteriormente.

 

Causas de la autolesión

En primer lugar, hay que tener en cuenta que es muy poco probable que las autolesiones se den por una causa única. Normalmente, son el resultado de la combinación de varios factores:

  • Existencia de una depresión.
  • Falta de capacidad para afrontar ciertas situaciones: por ejemplo, a la hora de afrontar el dolor de forma saludable.
  • Dificultad para controlar y/o gestionar las emociones: intentar controlar o reducir el estrés o la angustia; distraerse de emociones negativas; la evasión del sentimiento de vacío; comunicar sentimientos de depresión o ansiedad; autocastigo…
  • Autorechazo: pobre imagen corporal, autoestima baja…

En resumen, en la mayoría de las ocasiones, las autolesiones son fruto de una mala regulación emocional. Ya que los adolescentes todavía se encuentran en una etapa temprana y que, además, es de las más complicadas de la vida, no han aprendido a regular correctamente las emociones y, por tanto, no cuentan con las herramientas o la experiencia necesarias para afrontar los sentimientos negativos.

 

Cómo actuar ante las autolesiones

Cuando descubrimos este comportamiento negativo en una persona de nuestro entorno, al inicio podemos actuar con sorpresa o temor. Lo primero que hay que hacer es tomar el asunto con seriedad, y establecer una comunicación con el sujeto. En caso de que no responda adecuadamente, debemos obtener ayuda de emergencia, en base a la gravedad de la situación y de las lesiones. Hay que evitar a toda costa los ultimátum, ya que podrían empeorar la conducta del adolescente.

El tratamiento psicológico para esta conducta es, tal y como en la depresión, la psicoterapia, combinada con medicación psiquiátrica. El objetivo principal del tratamiento es identificar el motivo de esta autoagresión y enseñar al adolescente a gestionar correctamente sus emociones y sus problemas.